Hubo un momento, suspendido en el tiempo como yo mismo lo estaba entre el cielo y la tierra, en que todo cambió. Era 2015, y mis manos se aferraron por primera vez a aquellas telas rojas que colgaban del techo. No lo sabía entonces, pero estaba agarrándome a un nuevo destino.
Dicen que la vida es equilibrio. La mía es más bien un constante desequilibrio controlado. Un baile perpetuo entre caer y elevarse. Entre crear y destruir. Entre el fuego que devora y el aire que libera.
No siempre fue así. Durante años, mi mundo estuvo anclado a la tierra firme como desarrollador informático, empleado de banca y negocios digitales. Construía webs que conectaban personas virtualmente, pero algo en mí anhelaba una conexión más profunda, más visceral.

Quizás por eso, cuando el teatro entró en mi vida, no pude resistirme a su llamada. Había encontrado una forma de contar historias que trascendía las palabras.
El Despertar del Circo

Pero el verdadero despertar llegó con el circo. Con Etéreo Circus descubrí que mi cuerpo podía narrar lo que mi voz callaba. Junto a Silvia Dalla Marta, creamos un lenguaje nuevo, donde cada movimiento es una confesión, cada giro una promesa, cada salto un acto de fe.
En las alturas, suspendido por telas o girando en un aro junto a Silvia, encuentro una libertad que desafía a la gravedad y al miedo. No es solo acrobacias encadenadas; es poesía escrita en el aire. Es vulnerabilidad transformada en fuerza.
Es el momento exacto en que el control y el abandono se funden en un mismo aliento.
La Danza del Fuego
Y luego está el fuego. Mi contradicción perfecta. Si en el aire busco la ligereza, en el fuego encuentro la intensidad. Cuando el bastón arde entre mis manos y las llamas dibujan estelas en la noche, siento que despierto algo primordial.
Algo que conecta con quienes observan desde las sombras. Un ritual antiguo que habla de transformación y renacimiento.


Los pasacalles son mi carnaval particular. Rodeado de artistas circenses, entre malabares de fuego y acrobacias imposibles, la calle se convierte en nuestro escenario y la noche en nuestra cómplice. La música en directo marca el ritmo de un espectáculo donde cada elemento —fuego, aire, música, movimiento— conspira para crear magia.
El Teatro que Transforma
El teatro educativo me devuelve a tierra. Con Escenario Pedagógico, llevo historias a los ojos que más importan: los de los niños. En sus miradas descubro el asombro puro, la emoción sin filtros. Me recuerdan por qué elegí este camino de expresión y entrega.

No sé exactamente qué estoy buscando. Quizás sea esa sensación fugaz cuando estoy suspendido en el punto más alto de una tela, justo antes de la caída. Ese instante de perfecta incertidumbre donde todo es posible.
Mi nombre es David Aldavero, y mi vida es una coreografía improvisada entre el cielo y el fuego. Entre lo digital y lo corporal. Entre lo que soy y lo que estoy descubriendo que puedo ser.
Y mientras siga encontrando belleza en ese espacio intermedio, en esa tensión creativa, seguiré danzando en este alambre invisible que he elegido como camino.
