Suspendida entre telas de colores a varios metros del suelo, manipulando el fuego como si fuera una extensión de mi propio cuerpo, o contorsionándome en un aro aéreo mientras el público contiene la respiración. Este es mi presente como artista circense, un mundo que hace apenas unos años me habría parecido tan lejano como imposible.
Soy Silvia Dalla Marta, cofundadora de Etéreo Circus, y mi camino hasta aquí ha sido tan inesperado como revelador.
Una Vida Anterior
No siempre estuve rodeada de aplausos y asombro. En lo que ahora parece una vida anterior, mis días transcurrían entre microscopios y fórmulas químicas. Con un doctorado en nanotecnología y un puesto estable en una empresa química, mi identidad estaba firmemente anclada al mundo académico y científico.
Era, como me gusta describirme, una auténtica rata de biblioteca. Mi realidad se componía de papers científicos, investigaciones meticulosas y la seguridad de un camino profesional claramente trazado.

Entonces llegó la pandemia.
Como para tantas personas, ese paréntesis forzoso en nuestras vidas me llevó a cuestionarme si realmente estaba siguiendo el camino que deseaba. En medio de la incertidumbre global, tomé una decisión que sorprendió a todos, incluida a mí misma: dejarlo todo para convertirme en profesora de yoga. Fue mi primer paso hacia una reconexión con mi cuerpo y mis verdaderos deseos.
Aro Aéreo

Mi primera incursión en este universo fue a través del aro aéreo, una disciplina que me cautivó desde el primer momento. Había algo mágicamente liberador en suspenderme en el aire, desafiando la gravedad con movimientos que combinaban fuerza y delicadeza.
Lo que comenzó como simple curiosidad pronto se transformó en dedicación absoluta. Horas y horas de práctica, de callos en las manos, de músculos doloridos y pequeñas victorias diarias me llevaron a alcanzar un nivel técnico que ni yo misma creía posible.
Contorsionismo
Durante este proceso de aprendizaje, descubrí algo sorprendente sobre mí misma: poseía una flexibilidad natural que había permanecido dormida durante mis años de vida sedentaria en laboratorios y oficinas.
Esta revelación me abrió las puertas al fascinante mundo del contorsionismo. Cada nueva postura, cada límite superado, era como redescubrir mi propio cuerpo.
El contorsionismo me enseñó que nuestros límites son, en gran medida, construcciones mentales que podemos trascender con paciencia, técnica y determinación.

El Ritual del Fuego

Y finalmente, llegó el fuego. De todas las disciplinas que he explorado, ninguna me ha conectado tan profundamente con el aspecto ritual y primordial del arte como la manipulación de fuego.
Hay algo ancestral en danzar con las llamas, en sentir su calor acariciando tu piel, en dominar un elemento que ha fascinado y aterrorizado a la humanidad desde el principio de los tiempos.
El fuego no permite distracciones ni dudas; exige presencia total, respeto absoluto y una extraña mezcla de control y rendición que se ha convertido en una poderosa metáfora de mi propio viaje vital.
El nacimiento de Etéreo Circus marcó el inicio de una aventura que ha superado todas nuestras expectativas. En un tiempo sorprendentemente corto, hemos logrado crear y producir espectáculos que han cautivado al público.
Lo que comenzó como un dúo actuando en bodas y eventos privados rápidamente evolucionó hacia producciones más ambiciosas y completas, siempre manteniendo nuestra visión artística independiente.
